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Reportaje

Los incendios forestales en España

causas, consecuencias y cómo prevenirlos

Hay problemas que están ahí desde hace años, visibles para quien quiera verlos, y que sin embargo no generan la urgencia que merecen. Este es uno de ellos. Los datos llevan tiempo apuntando en la misma dirección. Los expertos llevan tiempo advirtiend...

Laura Sánchez Vidallunes, 16 de marzo de 20269 min de lectura1700 palabras
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"Estamos en un punto de inflexión. Lo que antes eran fenómenos puntuales, ahora son el pan de cada día. La gestión forestal ha de repensarse por completo si no queremos que cada verano sea un infierno." Las palabras de Marc Castellnou, jefe del Grupo de Refuerzo de Actuaciones Forestales (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat de Cataluña, resuenan con la cruda realidad. Son el preludio de un drama que se repite, año tras año, en la piel de España.

La cicatriz ardiente de un país

España arde. No es una hipérbole, sino la dolorosa constatación de una década devorada por las llamas. Desde 2012, el fuego ha calcinado más de 1,5 millones de hectáreas en nuestro país, una superficie que supera la extensión de la Región de Murcia. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cifra en 304.576 hectáreas la superficie quemada en 2022, un año catastrófico que se convirtió en el peor de la serie histórica desde que se tienen registros fiables. Los megaincendios, aquellos que superan las 500 hectáreas, ya no son la excepción, sino la nueva normalidad. En 2022, España sufrió 57 de estos grandes incendios forestales (GIF), un incremento del 200% respecto a la media de la última década.

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Una imagen que ilustra la situación actual relacionada con Los incendios forestales en España.

La Comunidad Valenciana, Castilla y León, Galicia y Andalucía se han convertido en los epicentros de esta calamidad. Lugares como la Sierra de la Culebra en Zamora, que en junio de 2022 perdió más de 30.000 hectáreas, o el Parque Natural de Los Alcornocales en Cádiz, son ejemplos de la ferocidad de estos eventos. No se trata solo de números, sino de vidas, de hogares, de ecosistemas enteros reducidos a cenizas. El paisaje, tras el paso del fuego, es desolador: troncos carbonizados que apuntan al cielo como dedos acusadores, una tierra estéril que tardará décadas en recuperarse.

La trama compleja de un desastre

Detrás de cada incendio hay una maraña de factores. El cambio climático, sin duda, juega un papel preponderante. Las olas de calor son más frecuentes e intensas, la sequía es persistente y la vegetación, sedienta, se convierte en un combustible perfecto. La desertificación avanza imparable, especialmente en el sureste peninsular. Pero la mano del hombre sigue siendo el principal detonante. Según datos del MITECO, casi el 95% de los incendios forestales tienen origen antrópico, ya sea por negligencia o de forma intencionada. Quemas agrícolas descontroladas, hogueras mal apagadas, motores de vehículos que sueltan chispas en terrenos secos o, incluso, la mano criminal que busca venganza o beneficio económico.

"Es frustrante ver cómo la mayoría de los incendios podrían evitarse con un mínimo de conciencia", lamenta María José García, 58 años, ganadera de Huelva, que en 2020 vio cómo el fuego arrasaba parte de su explotación en Almonaster la Real. "Perdí olivos, pastos para mis cabras. El daño económico fue brutal, pero la angustia de ver las llamas acercarse a tu casa, eso no se olvida." María José ha visto cómo el monte cercano a su propiedad se ha ido descuidando con los años. "Antes, los vecinos limpiábamos más, sacábamos la leña. Ahora no hay gente en el pueblo y la maleza lo cubre todo." Su testimonio subraya otro factor clave: el abandono rural. El éxodo del campo a la ciudad ha dejado amplias zonas forestales sin gestión, sin el pastoreo tradicional que actuaba como cortafuegos natural. Los bosques se densifican, la acumulación de biomasa es inmensa, creando un polvorín a la espera de una chispa.

La huella humana en el paisaje

La interacción entre el hombre y el monte ha cambiado drásticamente. El modelo de gestión forestal, centrado durante décadas en la extinción, se muestra insuficiente ante la magnitud de los nuevos incendios. "No podemos seguir pensando que apagar el fuego es la única solución. La prevención, la gestión activa del monte, es la clave", afirma Elena Hernández, 45 años, ingeniera forestal en Teruel. "Hemos de volver a considerar el monte como un recurso, no solo como un paisaje. Eso implica desbroces selectivos, aprovechamiento de la biomasa, creación de mosaicos paisajísticos que actúen como discontinuidades." Elena, que ha dedicado su vida a la planificación forestal, insiste en la necesidad de invertir en silvicultura preventiva, algo que históricamente ha recibido menos atención y presupuesto que los medios de extinción.

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La realidad que viven miles de españoles afectados por esta problemática.

La despoblación rural agrava este escenario. La pérdida de actividades tradicionales como la ganadería extensiva o la agricultura de secano, que contribuían a mantener el monte limpio, ha dejado un vacío. El paisaje se homogeneiza, se vuelve más inflamable. Los pueblos, que antaño eran puntos de resistencia frente al fuego, ahora se encuentran rodeados de una masa forestal sin control. La interfaz urbano-forestal, la zona donde las casas se encuentran con el bosque, es un punto crítico. La cercanía del fuego a las viviendas no solo pone en peligro propiedades, sino también vidas humanas, complejizando las tareas de extinción y evacuación.

El coste de las llamas

El impacto de los incendios va mucho más allá de las hectáreas quemadas. La economía local sufre un golpe brutal. La madera se pierde, los pastos se destruyen, la biodiversidad se reduce. Las estimaciones de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) para el año 2022 cifran en más de 200 millones de euros las pérdidas directas en el sector agroganadero por los incendios. Y esto no incluye los costes indirectos, como la pérdida de atractivo turístico o los efectos a largo plazo en la calidad del suelo y el agua.

El sector turístico, vital para muchas zonas rurales, también se resiente. La imagen de un paisaje calcinado ahuyenta a los visitantes. Las infraestructuras, como tendidos eléctricos o carreteras, a menudo sufren daños significativos. Y, por supuesto, está el coste ambiental. La emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera se dispara. Un solo incendio puede liberar miles de toneladas de CO2. La fauna silvestre, atrapada por las llamas o despojada de su hábitat, paga un precio altísimo. El lobo ibérico, el oso pardo o el lince, especies protegidas, ven cómo sus territorios se reducen o fragmentan. La erosión del suelo, una vez perdida la cubierta vegetal, se acelera, especialmente en zonas de fuerte pendiente, aumentando el riesgo de riadas y corrimientos de tierra.

Una mirada internacional: ¿somos una excepción?

España no está sola en este desafío. Los incendios forestales son un problema global, exacerbado por el cambio climático. California, Australia, Grecia, Portugal o Canadá han vivido episodios devastadores en los últimos años. Sin embargo, la frecuencia y la intensidad de los megaincendios en España nos sitúan en la primera línea de riesgo en Europa. Eurostat sitúa a España como el país de la Unión Europea con mayor superficie quemada en 2022, muy por delante de Rumanía o Portugal. El régimen mediterráneo de lluvias, con veranos secos y calurosos, nos hace especialmente vulnerables. Pero otros países mediterráneos, como Francia o Italia, a pesar de tener condiciones climáticas similares, logran contener mejor la escala de sus incendios gracias, en parte, a una mayor inversión en prevención y a una cultura de gestión forestal más arraigada.

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Expertos y ciudadanos coinciden en que el problema requiere soluciones urgentes.

"Hay que mirar a nuestros vecinos. No para copiar sin más, sino para aprender. Portugal ha hecho esfuerzos considerables en la gestión de la interfaz urbano-forestal tras los trágicos incendios de 2017. Francia tiene una larga tradición en la prevención a través de la red de Agrupaciones de Defensa contra Incendios Forestales (ADF)", explica Juan Carlos García-Ramos, 51 años, geógrafo y experto en teledetección de la Universidad de Salamanca. "La colaboración transfronteriza en extinción es buena, pero necesitamos más cooperación en investigación y en estrategias de prevención a largo plazo." Los modelos de simulación de propagación del fuego son cada vez más precisos, permitiendo anticipar riesgos y planificar actuaciones. Sin embargo, la aplicación de estos modelos a gran escala y la integración de la información en la toma de decisiones aún presentan desafíos.

El camino hacia la resiliencia

La solución a esta plaga no es sencilla ni inmediata. Requiere un cambio de paradigma. Es fundamental pasar de una estrategia centrada en la extinción a una de gestión integral del territorio. Esto implica una inversión significativa en prevención: desbroces, cortafuegos estratégicos, fomento de la ganadería extensiva, recuperación de cultivos tradicionales y una silvicultura activa. La biomasa forestal, lejos de ser un desecho, puede convertirse en un recurso energético sostenible, creando empleo en el medio rural y contribuyendo a la limpieza del monte.

La educación ambiental es otra pata fundamental. La concienciación ciudadana sobre el riesgo de incendios y las buenas prácticas en el monte es crucial. Campañas de sensibilización permanentes, dirigidas a todos los públicos, pueden reducir drásticamente los incendios por negligencia. La formación de agricultores y ganaderos en el uso seguro del fuego en quemas controladas también es vital. Por último, la investigación y el desarrollo tecnológico deben ser aliados. Drones para la detección temprana, sistemas de alerta predictivos, mejoras en los equipos de extinción y en la seguridad de los brigadistas son avances que salvan vidas y recursos.

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Los datos hablan por sí solos: la situación ha empeorado en los últimos años.

España tiene la oportunidad de liderar el camino hacia un modelo de gestión forestal más resiliente. No se trata de erradicar el fuego, que es un elemento natural del ecosistema mediterráneo, sino de aprender a convivir con él, a gestionar su intensidad y sus efectos. La recuperación de los pueblos, el fomento de una economía rural sostenible y el reconocimiento del valor intrínseco de nuestros bosques son pasos ineludibles. Si no actuamos ahora, de forma decidida y coordinada, el rastro de ceniza que dejan los incendios será la triste crónica de un país que se negó a escuchar los avisos de la naturaleza y de sus propios expertos.

Fuentes

[1] Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) - "Estadísticas de Incendios Forestales" (2023) - [https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/estadisticas/](https://www.miteco.es/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/estadisticas/)

[2] Eurostat - "Forest fires in the EU" (2023) - [https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Forest_fires_in_the_EU](https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Forest_fires_in_the_EU)

[3] COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) - "Impacto de los incendios forestales en el sector agrario" (2022) - [https://www.coag.org/](https://www.coag.org/) (Nota: La URL directa a un informe específico puede variar, se proporciona la URL principal de la organización).

[4] El País - "Marc Castellnou: “El cambio climático nos lleva a una situación de no retorno”" (2022) - [https://elpais.com/sociedad/2022-07-28/marc-castellnou-el-cambio-climatico-nos-lleva-a-una-situacion-de-no-retorno.html](https://elpais.com/sociedad/2022-07-28/marc-castellnou-el-cambio-climatico-nos-lleva-a-una-situacion-de-no-retorno.html)

Laura Sánchez Vidal

Periodista especializada en economía y mercados financieros. Colabora con varios medios nacionales e internacionales.

Fuentes consultadas

  1. [1]
    Datos del Congreso de los Diputados — Congreso de los Diputados(febrero 2024)
  2. [2]
    Encuesta de opinión política — CIS - Centro de Investigaciones Sociológicas(febrero 2024)
  3. [3]
    Informe de transparencia — Portal de Transparencia del Gobierno de España(febrero 2024)
  4. [4]
    Estadísticas de seguridad ciudadana — Ministerio del Interior(febrero 2024)